Bill "Bin" Gates me aniquiló el momitor de la compu, cuando lo repare volveré.
¿O serán los fans de Batman previendo el palo?
¿O serán los fans de Batman previendo el palo?
Ya hace más de un mes que la vi, según los votantes estadísticos de FilmAffinity esta cagada de clip publicitario merece un promedio de ********** 8,0.
Hace unas semanas fui invitado a comer un asado dominguero. Dentro de todas las atenciones del amigo anfitrión se incluyó la insistencia de obsequiarme algunas películas bajadas de internet; se me hizo imposible negarme a recibir ninguna, así que de la larga lista ofrecida elegí dos: "El curioso caso de Benjamin Button" y "Batman. El Caballero de la Noche" (Próximamente en este blog).
"Las cosas", una detallada descripción de la vida pequeño-burguesa a través de los objetos. Todos los sentimientos, la importancia de ser un humano mediados por las cosas. El libro es de 1965, el año en que nací, una mirada aguda de un muchacho de menos de 30 años (¿será que en aquellos días tener 27 años era diferente?), nos muestra (aunque sea en pura ficción, ¿ficción?) lo que significa la construcción de la mala conciencia; y de paso nos damos algún paseíto por París.
Hace más de 20 años, en uno de los locales que se alquilaban en la P.B. del edificio en que vivía, pusieron una librería de venta de libros usados y ediciones viejas superadas por flamantes nuevas ediciones. La colección de ciencia ficción de Minotauro es una de esas que suele renovarse periódicamente, así que vendían las viejas a "3 x tanto". En una de mis incursiones a la librería de viejo tuve que elegir entre "El mundo subterráneo" de S. Fowler Wright (que está ahí arriba) y "El día de los trífidos"; un mundo subterráneo prometía más a mi imaginación que una invasión de plantas, así que la elección fue rápida.
En ocasión de andar consultando sobre la peli "Ceguera" en FilmAffinity por lo menos dos críticos aficionados acusaban a Meirelles y a Saramago de plagio, ya que consideraban que el tema planteado era el mismo que en "El día de los trífidos". Parecía que a mi libro, después de unos 15 años de espera, le llegaba su número en la fila.
En unas de las tardes lluviosas y en "emergencia sanitaria" del fin de semana alargado del 9 de Julio me dispuse a ver esta peli; antes de transcurridos 40 minutos de metraje se cortó 3 veces la electricidad, una lástima; afuera lluvia torrencial, adentro una oscuridad y un calor especial para ver esta película. La lectura se me imponía como única posibilidad, un libro, todos sabemos, no necesita enchufarse; elijo "Putas asesinas" de Bolaño, lo elijo por el color de la tapa: lila, es que el color de ese día se me antojaba lila en lugar de gris. En el cuarto relato B., un personaje, cuenta esta película sin decir su nombre. La semana pasada cerré este círculo del azar (¿del azar?) que se abrió a mi paso.
El director: Andrei Tarkovski. Un artista, de los buenos, de los que aunque parecen no dar puntada sin hilo lo arriesgan todo, de los que son clásicos y revolucionarios a la vez; una forma de contarnos una historia impulsada fundamentalmente a través de las imágenes, y a veces de unas pocas palabras, aunque nunca falta o sobra ninguna. Autor de siete largometrajes, siete obras de arte cinematográfico.
Andrei Rublev es Anatoly Solonitsyn (o viceversa), el pintor de íconos, el personaje central que desarrolla un camino de vida de esos que nos han enseñado llevan los santos; podría decir que pasa de ser un creador (dios padre), a objeto y sujeto de la pasión (dios hijo), un camino de dolor que termina en la aceptación de su propio talento y se redime de sus supuestas faltas autocastigadas abrazando, incluso literalmente, la angustia que carga el alma de de otro ser.
Boriska es Nikolai Burlyayev (¿y viceversa?), el hijo del hacedor de campanas, el que lleva el conocimiento en el alma (supongo que eso será lo que llamamos "talento"), a falta de haberlo recibido directamente de su padre se brinda a la tierra y al cielo (el mundo material conocido) para manejar los elementos de su arte. Es el protagonista de la otra pasión de la película.
Dos imágenes de lo que se podría llamar "La Pasión según Tarkovski". Arriba, una imagen ya inmortalizada por los artistas del renacimiento. Abajo, Andrei Rublev y Durochka (o Irma Raussh), parece que esa imagen expresa mucho más que cualquier cosa que pueda decir yo.